miércoles, 3 de abril de 2013

“QUÍEN A DIOS TIENE , NADA LE FALTA; SÓLO DIOS BASTA”



 

Miguel de Mihura (1905-1977)

Hijo de un actor y empresario teatral, vivió desde niño en un ambiente teatral que influiría considerablemente en su obra

M.Mihura :

“Pues yo no sé... Ahora dicen que soy un renovador. Pero yo no he querido renovar nada,hombre, yo sólo he querido hacer lo que he hecho siempre en el teatro cómico, una cosa divertida, vamos, lo que ha hecho todo el mundo que ha hecho eso, hombre.” 


Queriendo hacer lo que todo el mundo, hombre, escribió Tres sombreros de copa, su primera obra conocida que no fue estrenada hasta 20 años más tarde.

A continuación, vamos a hablar de una obra suya no tan conocida pero igual de divertida de carácter policíaco Melocotón en almíbar (1958).

En la obra tenemos como protagonista a Sor María una monja tópica como monja y tópica como detective, es decir, un personaje extraordinario. Junto a sor María, una chica de “vida alegre” Nuria, “la tanguista”,-profesión honesta dice ella que es- una de esas criaturas favoritas de Mihura, las tiernas putillas, siempre suspirantes y un poco tontas. El constante interés de Mihura por ellas se debe a verlas indefensas, vulnerables, cándidas en el fondo y pocas veces felices. La tercera mujer de esta comedia es Doña Pilar, la señora gorda, madura tontaina y charlatana la que hace el único chiste: “Es un médico buenísimo y de toda mi confianza. Cuando se murió mi marido fue él quién lo curó”.

Parece que en el teatro de Mihura sólo hubiera mujeres ¿verdad?. Son las mujeres los personajes que se recuerdan las que ponen en marcha el argumento, las que animan los diálogos. Sin las mujeres las comedias de Mihura no serían posibles; y los hombres se quedarían en nada. Quienes ponen la gracia, el interés, la salsa, el donaire, el enredo y sujetan al espectador en la butaca, son las mujeres.

Junto a ellas aparecen Carlos, Suaréz, Cosme y Federico pertenecientes a una banda de ladrones de la que Nuria forma parte. El argumento sencillo y divertido hasta al final: la banda llega a Madrid después de haber robado en una joieria de Burgos, Cosme se enferma y acude a su cuidado sor María mandada por el médico porque el resto de enfermeras había quedado con sus novios. Cuando parece que la monja-detective lo sabe todo y lo cuenta sus deducciones son equivocadas, sus pistas falsas y la banda se pone cada vez más nerviosa. Una comedia de los más peculiar por lo que respecta al personaje de sor María y una obra en la que es difícil no soltar más de una carcajada, una estupenda lectura para pasar estas vacaciones.
                                                               

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